Criptobotánica

Este verano, aquellos profesores y profesoras, buenos y pacientes, que han tenido la caridad de ofrecernos con amenidad su saber en cursos de verano, clases de refuerzo o, incluso, acompañándonos en una peregrinación o salida al campo, nos han dado una vidilla que no olvidaremos fácilmente. De esa vitalidad que puede ofrecer un discurso brillante, instructivo y hasta física y mentalmente terapéutico puede que hable el verso de Proverbios 15:4.

Sin embargo, su traducción no es evidente, a pesar de la sencillez sintáctica y morfológica del texto masorético. Salvo en algunas viejas traducciones medievales (ver  el verso en http://corpus.bibliamedieval.es/ ; melezjnante lengua es el arbol dela vjda  & el entricamento enella es quebranto enel espiritdice el manuscrito 10.288 de la Biblioteca Nacional de Madrid) no he encontrado ninguna versión en lenguas modernas que se haga eco de la raíz hebrea rf’– la misma del sustantivo propio Rafael (que significa “Dios hizo sanar”)- la que aparece en la palabra que encabeza el verso y que nos introduce en el campo semántico de lo que sería en nuestros días la atención sanitaria. Copiando a los venerables maestros judíos del antiguo reino de Castilla, aquí va mi propuesta:

La medicina de una palabra es árbol vivificante;

su descuido (es decir, el mal hablar) es lesión para el ánimo.

Donde vemos que el segundo sintagma nominal del primer semiverso (“árbol de vida” o, incluso, “árbol de salvación”) está cargado de connotaciones y emociones: ¿Es la prodigiosa especie vegetal de Gn 2?¿Es la metáfora de película del mismo título que protagonizó Elizabeth Taylor?¿Qué, o quién, es ese árbol? Dejo la pregunta abierta porque un proverbio de Proverbios sin un poco de intriga no es un proverbio de Proverbios. Pero una pista la da la versión de algún targum, heredada por la Peshitta siriaca, que continúa la ensoñación por el tal árbol, trastocando totalmente el segundo semiverso. Por cierto, que esto no lo cuenta el aparato crítico de BHS: hay que irse al viejo Delitzsch.

Por consiguiente, solo para sus ojos, aquí ofrezco mi versión de Proverbios 15:4 a partir de los textos arameo y siriaco (a consultar cómodamente en http://cal.huc.edu/searching/targumsearch.html  ):

La medicina de una palabra es árbol vivificante. Quien come de sus frutos queda saciado.”

 

Ventajas de la traducción literal

La epístola de hoy empieza con una frase densa que puede pasar desapercibida porque ya se ha sobado mucho. Cuando algo se repite con frecuencia en las liturgias, catecismos y otros  textos de iglesia nos suena a un runrún conocido y sin sorpresas. Igual hay que traducir mal, con exceso de literalidad y , si me apuran, de una manera un poco salvaje para que nos resuene la experiencia de muerte, vida y compromiso que hay detrás de palabras que, a pesar de su fuerza interior, han quedado posiblemente ya manidas.

Por eso, “in memoriam” de aquellos que nos faltan, traduzco a lo bestia desde esa antigua lengua sagrada semítica, el siriaco, este verso de Colosenses 2,12:

Enterrados fuisteis con Cristo por el  bautismo.

Por Él os alzasteis junto con Él.

Porque os comprometisteis con la potencia del Dios

que Le puso en pie,

sacándole de la mansión de los muertos.

 

Buena cosecha

Mientras que en el hemisferio sur se extraen los frutos del final del verano, acá en el norte lo que se siega es la vida de ancianos que no aguantaron los fríos invernales. Dos que bien conocí ya han caído.

Me acuerdo en este Viernes Santo de ellos (unidos ya a Cristo) al traducir ese salmo que leímos en un ya pasado domingo de la Cuaresma:

Salmo 50:5

“Me los cosecháis: los mejores, los que se unieron a mi alianza. (Ellos son) un sacrificio para mi.”

Los “mejores” son un derivado de “Hsd”, o sea, la magnificencia. Esos son los verdaderos “hasidim”, los que con sus vidas de fidelidad son el sacrificio ritual, “zbH”, voluntario y noble. Se trata de la liturgia que agrada verdaderamente (cf Marx, “Los sacrificios del Antiguo Testamento”).

 

 

Sed de Dios y sed de agua.

El salmo 62 (o 63) que se lee este domingo se traduce muchas veces con el sentido metafórico de que Dios es una bebida para el alma y una comida para el estómago. Es una forma de verlo. La preposición “l” en lenguas semíticas admite también un sentido causal: no solo se tiene sed de Dios dentro de los muros del convento. Se puede dar otra situación: si estamos refugiados en un sitio inhóspito por causa de la persecución o del servicio a los pobres,  podemos tener sed y hambre POR culpa de Dios.

Además “nafshí” se traduce no solo como “mi alma”. Otra traducción posible es “mi ser”. Platón y su dualismo alma-cuerpo no casan bien con la antropología bíblica más tradicional, menos helenizada.

Solo para sus ojos, mi versión del salmo 62 (63) a partir del texto hebreo:

1. Señor, Tú eres mi Dios, por Ti estoy en vela, sufriendo hambre y sed en una tierra reseca: desfallezco sin agua.

2.Y es que, en lugar sagrado, Te vi y contemplé Tu fuerza y esplendor.

3.¡Qué buena es Tu magnanimidad con los seres vivos! Mis labios Te ensalzan.

4.Te ofrezco mi vida; aplaudo Tu NOMBRE,

5.que ya me saciaré de leche y mantequilla y (con) mis labios risueños mi boca Te dirá: “¡Aleluya!”.

6.Si Te recuerdo en mi catre, durante la noche en blanco pensaré en Ti

7.porque fuiste mi auxilio: ¡A la sombra de Tus alas soy feliz!

8.Estoy pegado a Tu lado. Me tienes a Tu diestra.

Y sigue una retahíla de expresiones llenas de odio a los enemigos que no me molesto en traducir.

Por cierto, el verso 8 me recuerda aquello de que “somos las mascotas de Dios“.

 

El fin de las puertas que no dejan pasar.

Esta entrada va por ustedes: esos voluntarios/as pacientes y apasionados que en el duro calor del verano boreal entregan sus días de vacaciones al servicio de los más vulnerables. ¡GRACIAS!

No como un servidor que, por sus pecados y debilidad de la carne (física y mental), no solo poco ha hecho de voluntariado sino que, incluso, ha dejado abandonado este blog varios domingos. De hecho, cuando retomo el evangelio de Mateo me encuentro ya con una panorama cambiadísimo: hay mucha diferencia entre el Evangelio de este domingo 21 de Tiempo Ordinario y el de la última entrada de julio en lo que respecta vocabulario pues aquí sí que hay más sustantivos abstractos (“Iglesia” ܥܕܬܐ ) y expresiones solemnes (“edificaré”), como si Jesús fuera un Gran Alejandro fundador de ciudades homónimas. Recuerden que la más famosa Alejandría es la que sigue hoy en Egipto pero hubo otras muchas Alejandrías por Siria, Afganistán, Pakistán, etc.
Ya esta diferencia llamativa de glosario es indicio de que igual aquí no tenemos tantos ecos de las mismísimas palabras de Cristo como podemos tener en las parábolas. Lo que sí tenemos son los ecos de los pensamientos y sentimientos de las primeras comunidades en las que se redactó el texto. De hecho, la palabra “Iglesia” en su expresión siríaca, aparece en el evangelio de Mateo solo en dos ocasiones. Una de ellas en esta lectura de hoy. (Observación: Confieso que no me he tomado la molestia de hacer la cuenta de las palabras por mi cuenta, sino que he recurrido al sistema automático que nos ofrece la herramienta DUKHRANA. Me fío de ella.)
Hipotéticamente, hasta pienso que posiblemente ni siquiera el concepto “Iglesia” estuviese en la cabeza de Jesucristo en aquellos momentos. Intuyo  que Jesús debería tener en su mente ideológicamente algo más parecido a “pueblo” (‘am, en su expresión semítica transcrita), tal como se nos presenta en el Pentateuco.
En cambio el concepto “Iglesia”, como es natural, aparece hasta aburrir en toda la literatura cristiana posterior. Especialmente recurrente es el término en la literatura siríaca extrabíblica cuando  leemos las crónicas históricas: hay muchas fundaciones pero desgraciadamente también hay tantas o más destrucciones y quemas de iglesias (en el sentido de “edificios”, ya que el siriaco también utiliza como en castellano una misma palabra polisémica para designar tanto la institución, el pueblo cristiano o el producto arquitectónico), como poblaciones cristianas masacradas. Todo ello de rabiosa actualidad pero en aquellos tiempos los perpetradores eran otros: generalmente persas mazdeístas, aunque también emperadores bizantinos, celosos de que se mantuviese la ortodoxia de los concilios de tendencia niceana. Y es que el concepto de ecumenismo brillaba en aquellos tiempos … ¡por su ausencia!
Sin embargo, estas y otras expresiones pomposas y vocabulario abstracto (“edificaré mi Iglesia”) no dejan de tener su poder sugerente y como estamos en un blog dedicado a la literatura, voy a indicar las evocaciones que puede traer la expresión de Mt 16:18 al final: “Las puertas del Sheol no prevalecerán” (¿sobre él?, el género del pronombre complemento directo que aparece en las transcripciones parece masculino pero, tanto en español como en siriaco, el género de la palabra “Iglesia” es femenino; no creo que sea relevante pues simplemente puede ser que los copistas se hayan comido algún signo que indique la marca del femenino).
Vayamos al concepto de “puerta“: hay que entenderlo en un sentido de entrada solemne a un recinto importante. Hoy todavía en ciudades, incluso millonarias en habitantes, persisten las ornadas porticadas de entrada a las antiguas zonas intramuros de las urbes. Recordemos la Puerta del Sol de Toledo, la puerta de Toledo de Madrid, la Puerta de San Dionisio en París, etc.
Frente a la fundación de una nueva ciudad, la Iglesia, se alza la muralla y la puerta de entrada a otra ciudad rival. Esa ciudad rival parece que se personifica en una región de la cosmografía mesopotámica: Sheol que es el nombre que le dan las lenguas semíticas antiguas. Una región poco simpática porque a ella asistían obligatoriamente todos los humanos a la hora de morir y pasaban por la puerta pero salvo una rara excepción no podían volver a repasar.  La excepción es Astarté (la Afrodita de Oriente Medio antiguo): en la literatura sumeria y acadia se cuenta un poema que es una especie de “Divina Comedia” dantesca pero un poquito más complicada porque la diosa del amor y la guerra pudo entrar pero con mucha dificultad. Sin embargo, la salida fue aún más delicada: la diosa del amor tuvo que dejar a su amor en prenda y aunque salió, salió con bastante plumaje menos del que había entrado. Para los amantes del mundo clásico grecorromano, hay paralelismos de esto en la historia de Perséfone o en la de Orfeo.
Frente a estos mitos y sus variantes, posiblemente bien conocidos por casi todos los públicos de los tempranos siglos de nuestra era, lo que viene a decir la primera comunidad cristiana es que ellos (habitantes de la Iglesia, entendida como ciudad nueva fundada por Cristo) abren y cierran los accesos a esa otra ciudad-estado subterránea, su rival, con una facilidad pasmosa. No olviden, por cierto, que la dimensión soteriológica de muchos pasajes tanto del AT (en hebreo) y del NT (en siriaco) remite a la palabra “vida”: ܚܝܐ . Esa es también el rival de Sheol. La moraleja de la frase final de Mt 16:18  sería algo así como: “la novedad de la Pascua rompe los esquemas de los antiguos mitos“.
Este mensaje es el que nos mueve al acordarnos de nuestros hermanos caídos y caídas en Barcelona, en Charlottesville de EE.UU., en República Centroafricana y en tantos, ya demasiados, sitios.