Política migratoria

Está de moda pero no es el tema de este domingo, sino del pasado: Lo siento. Es que me quedé rumiando la epístola del domingo 11 de tiempo ordinario, o sea, 2ª de Corintios 5, 6-10. Allá se habla de gente que marcha y anhela un destino. Tratándose de un judío piadoso, como San Pablo, la evocación del Éxodo está aflorando. También se habla de un cuerpo. No sé dice de quién. Voy a humanizar ese cuerpo y lo voy a denominar con mayúsculas así: Cuerpo. En siriaco  ܦܓܪ  (“pagra”). La connotación nos lleva a la Última Cena.

Con ese pequeño recurso ortográfico (la letra mayúscula C) y nuestros conocimientos previos de lo que vimos en una célebre película protagonizada por Charlton Heston, intentemos dejarnos inspirar por esta versión de la epístola a partir de Peshitta:

Sabemos y estamos convencidos de cuánto es lo que gracias al Cuerpo habitamos y recorremos por Nuestro Señor.

Marchamos con un firme compromiso (eso es la fe, no una mera creencia) y no por una visión.

Y es por ello que creemos y confiamos en que peregrinando, por el Cuerpo, estaremos ante Nuestro Señor.

Se nos exhorta a que si caminamos y vivimos por Él, bien estaremos.

Todos nos preparamos para la resurrección, dando la cara ante el día de Cristo, pues a cada uno se le pagará, por SU Cuerpo, aquello que Le haya hecho a Él: Lo que sea bueno y lo que sea malo.

Luego el “Cuerpo” puede ser el nuevo maná, lo que nutre en el peregrinar. Otra forma de ver el Cuerpo ese, es considerarlo metafóricamente como el pueblo que camina, o sea, la Iglesia. En cualquier caso, recurrir al mero dualismo platónico alma-cuerpo para aproximarse a este fragmento no es satisfactorio. De hecho, el léxico que mejor le iría para recurrir a este concepto de cuerpo carnal humano, sería precisamente la raíz ܒܣܪ (basar) que significa eso: “Carne”, como la de las perdices que comía el pueblo en el desierto.

Esperemos que, cuando llegue “el día de Cristo”, sea más bueno que malo lo que Le hayamos servido a Él: O sea, a los hermanos/as en apuros. Por ejemplo, a esos que atraviesan mares y océanos en peregrinación durísima hacia una tierra, supuestamente prometida (que luego tampoco es para tanto porque hay mucha publicidad engañosa y machaque cultural de que solo el norte existe).

 

El origen del silencio.

El silencio, ese bien tan deseado en nuestros pueblos, ahora que despelotes báquicos e insensatos, supuestamente en honor de la Virgen, son tan ubicuos. Sin embargo, el añorado silencio es algo real: hay varias formas de llegar a él. Algunas más bruscas que otras. La traducciones al uso de 1Re 19, 11b y ss (la primera lectura del pasado domingo) nos dan una versión muy tranquila. Pero otras, que desgraciadamente recuerdan los testimonios de los supervivientes de Hiroshima, son posibles. La diferencia estriba:

1. en dónde poner las puntuaciones,

2. cómo interpretar la partícula semítica “b”, ב -ya que puede también tener un matiz instrumental- y

3. en recordar que lo que la gramática hebrea denomina “estado de anexión” (en árabe, “idafa”) existe.

La traducción que propongo, además, es coherente con otra estructura que aparece más adelante en el mismo capítulo con el esquema:

El que se libra de la espada de X, lo mata Y; el que se escapa de la espada de Y, lo mata Z.” siendo X, Y y Z personajes bíblicos, supuestamente “buenos”.

Gracias a Dios, esa parte NO se lee en misa.

SOLO para sus ojos, a partir del texto hebreo, una versión alternativa de 1Re 19, 11b y 12:

11b. ¡Pasó el Señor!

(Era) ¡un huracán!

Creció en fuerza arrancando los montes y triturándo(los).

Ante el Señor, ¡NO (hay nada)!

Por (causa de) SU viento.

Tras el viento, un terremoto ¡NO (hay nada)!

Por (causa de) SU terremoto.

12. Tras el terremoto, un incendio … ¡NO (hay nada)!

Por (causa de) SU incendio.

¿Y después del incendio?

¡La imperceptible voz del silencio!

 

 

 

 

 

Gente soñadora

“I have a dream” , es decir, “Tengo un sueño” decía un célebre cura protestante anhelando un mundo sin racismo. Muchos siglos antes, José, el chico guapo de Jacob que acabó en Egipto, hizo buena carrera allá con sus interpretaciones oníricas. El lejano descendiente de un sobrino suyo, el homónimo de Nazaret, también fue un soñador. Como Jung sabía, nuestros sueños, por muy del dominio del subconsciente que sean, están culturalmente mediados y eso nos da algunas claves a nosotros, los que rememoramos el sueño de José, el de Nazaret, mucho tiempo después.

Por ejemplo, en Mt 1:20, “¡No temerás!” con la raíz dHl del campo semántico de “miedo” (que no “respeto”, como veo que algunos traducen) y la cual vamos tratando desde el apocalipsis aquel del sol alado de Malaquías (véase entradas de la categoría “Temor de Dios”), se conecta con la tradición de la Torah de que no se puede estar cerca de Dios y no morir. Moisés llegó a ver a YHWH de refilón solamente y no murió en el acto: un caso aislado que no sirve de precedente según la tradición judía.

Lo siento por los amantes de la salsa rosa bíblica pero José de Nazaret no era un refinado personaje de Emily Brönte o de Jane Austen. Sus miedos no eran celos conyugales. Su miedo era, en cierto modo, más primario: era lo que se le venía encima por permanecer tan de cerca de lo Santo, “qudsha”,ܩܕܫ equivalente del hebreo קדוש (qadosh).

Y paso directamente al versículo que posiblemente sea el meollo del Adviento. He aquí mi traducción de Mt 1:21 directamente del siriaco (Peshitta según la Sociedad Bíblica), teniendo a la vista otras versiones:

Tendrás el hijo, le llamarás por su nombre, Josué: Él dará la vida al pueblo (que viene) de sus pecados.

Porque el nombre de Cristo es una variante del nombre del libertador del AT. No es un nombre cualquiera: está cargado de reminiscencias sobre los orígenes, sobre la Torah, y contiene  las sílabas Yehu, la versión abreviada del Nombre, es decir, del sacrosanto tetragrama YHWH. Ciertamente un Emmanuel (literalmente, “con nosotros está Dios”) no podía llamarse Jasón, Alejandro o Héctor. Tenía que llamarse como alguien que entrevé la liberación del pueblo: también habría valido ponerle Judas, Jacob (es decir, Santiago), Simeón (es decir, Simón) … Por cierto, la madre de Jesús lleva el nombre de la hermana de Moisés.

Para terminar, una reflexión que igual no gusta a todos: Mt 1,23 en la Peshitta parece una traducción servil del griego. ¿Para qué si no, traduce Emmanuel? Realmente, para un hablante del arameo, casi suena igual al hebreo: Aman Alah. No hacía falta la aclaración. De todas formas, el evangelio en siriaco también introduce de clavo un posesivo y traduce Emmanuel no “con nosotros está Dios” sino “con nosotros está nuestro Dios” (Aman Alahan).

Que Él nos dé unas fiestas tranquilas y lleve consuelo a las familias de nuestras hermanas y hermanos caídos en El Cairo (esa cautivadora ciudad de mi loca juventud).

Hoy, la Inmaculada

Por ser la fiesta de la Virgen, podría contar muchas cosas del evangelio de hoy pero me voy a limitar. Solo dos cosas y paso a la  epístola que viene fuerte.

Uno: comparación con la visita angelical a Abraham en Gn 18. Véase https://bibliababel.wordpress.com/2016/07/17/seguimos-con-gn-18/ Los viajeros angelicales no dicen ni “mu”; Gabriel por lo menos dice: “¡Hola!” (salam). El pobre Abraham espera “si encontré gracia“; María  es, según declaración angelical,

ܡܠܝܬ ܛܝܒܘܬܐ

, es decir, un frasco relleno de esa gracia (sin condiciones). Por consiguiente, María ( o Mariam) es un super-Abraham, lo mismo que Cristo es un super-David.

Dos: como decíamos en https://bibliababel.wordpress.com/2016/11/16/los-limites-del-miedo/ el miedo o temor de Dios no siempre es lo mejor. Ya se lo dice a María el ángel , Lc 1: 30, con un verbo de la misma raíz  ܕܚܠ

No hablo más del evangelio de hoy, que alguno/a hay que lo recita 50 (o más) veces al día. Así que, para Vds., el salmo de Pablo en Efesios 1 desde la versión en siriaco:

3. Bendito es Dios, el Padre de nuestro Señor, Jesús el Mesías.

Él (Dios) nos bendice con toda bendición (remachacando la raíz semítica “brk”) del Espíritu del cielo, en el Mesías.

4.Adelantándose (raíz “qdm”, que indica anterioridad temporal o local), nos eligió (Dios) en Él (o sea, Jesús), antes que (raíz “qdm”) el mundo cuajara para que seamos (o para que sea él, sobreentiendo “el mundo”) santo(s) e inmaculado(s) delante (“qdm” van tres veces) de Él (Dios); con amor por delante (o sea, amando el primero y ya van cuatro”qdm”) nos apuntó (literalmente, “dibujó”) para Él.

5.Es el resplandor (la gloria, el término que en la versión hebrea del AT se corresponde con “Kebod”) resplandeciente (las repeticiones machaconas son un recurso elegante en literaturas semíticas) de su gracia (en el AT hebreo, חן lo que Abraham quería encontrar pero a María le rebosaba) lo que derramó sobre nosotros por la virtud de su amado.

6.Es por Él que tenemos una escapatoria, por su sangre el perdón del pecado, así como el tesoro de su gracia (otra vez חן enhebreo, ܛܝܒܘܬܐ en siriaco, χαρισ en griego).

El salmo de San Pablo contiene tres palabras ricas en connotaciones: gracia, gloria y bendición. Por el momento, adelanto que en cultura bíblica bendición no es solo “bien decir”: tiene que haber un regalo, un intercambio. Es en ese sentido que Naamán el sirio quiere dar una “bendición” a Elías en 2Reyes 5:15. Recordemos el refrán: “Obras son amores y no (solo) buenas razones”. En cualquier caso, el reparto de regalos lo inicia siempre Dios, según Ef 1:4.

De la palabra “gracia”, si Dios quiere, hablaré la próxima noche … como decía Sheherezad.

Los límites del miedo

En este domingo 34 de tiempo ordinario, acabamos a todo correr el ciclo C, el tiempo ordinario y el año litúrgico, fumándonos todo el capítulo 22 del evangelio de Lucas y pasando directamente desde el Juicio Final a la Pasión. No es mala opción porque en todo apocalipsis no puede faltar un relato de martirio. Además, la Semana Santa y la propia celebración eucarística son así: del Viernes Santo a la Pascua y viceversa. Además, se nos abre la posibilidad de superar los límites del temor o el miedo de (o a) Dios. Me refiero a ese miedo, o esos miedosos, de los que hablábamos el domingo pasado al traducir Malaquías 3:20.

En efecto: en Lc 23:39 encontramos alguien que está en situación apuradísima y ¡ni pizca de miedo! Al contrario, saca pecho y se burla de las antiguas promesas al pueblo. Pero allá donde no llega el miedo, viene la solidaridad, la compasión … Aquí voy a ver si capto ese momento, traduciendo Lc 23:40 directamente desde la Peshitta estándar:

Le regañó su compañero diciendo: “Ni siquiera temes (raíz  ܕܚܠ, transcripción “dHl”, del campo semántico “miedo”, ya utilizada en la versión siriaca de Malaquías 3:20)  a Dios incluso estando tú con Él (la mayúscula es mía), en la (misma, se supone) ejecución.”

No sabemos si el recriminado se cortó. A mi me parece posible: me estoy imaginando un Espartaco que, aunque incrédulo, se duele de lo que le duele a él mismo y del dolor del que tiene al lado. Y un detalle que los filólogos avezados igual me pueden afinar: el grito “¡líberanos!” (suena en siriaco: paSa lan!) del crucificado blasfemo ¿podría ser un posible guiño a “Pascua” (paSaHa)?

Temor por el Nombre

 

Como declarado forofo de los antiguos maestros de la traducción, no conforme con lo que me ofrecen las biblias al uso, me he pasado por http://corpus.bibliamedieval.es/ donde una de las que más me ha gustado es la del siglo XV -el manuscrito, que el texto mismo puede ser de más atrás- conocida como Biblia I.i.E3 del Escorial:  http://bibliamedieval.es/index.php/e3

Allá leemos para Malaquías 3:20 (en otras ediciones 4:2) en la primera de nuestras lecturas de este domingo 33 de tiempo ordinario:

E esclaresçera para vos otros los que temedes de mi nonbre sol de justiçia & melezina en sus alas

Aunque mi versión personal quiere incorporarse al tono acongojante del apocalipsis que anuncia el profeta:

Os atemorizaréis de mi Nombre, que es sol de justicia (¡ojo! raíz Sdq o  צדק, solo aproximadamente traducible por “justicia”) y que cura (raíz רפא, la misma de Rafael, ya vista por nosotros en https://bibliababel.wordpress.com/2016/08/23/volvemos-con-los-sabios-de-alejandria/con sus alas

Lo de sol alado es un tema muy frecuente en múltiples culturas de Oriente Medio antiguo. Pero, por favor, no busquemos misterios esotéricos ni trasnochados, tampoco mensajes revelados en exclusiva a gurús carotas. La explicación es mucho más sencilla: la cultura de los antiguos hebreos recibía con normalidad las influencias de conceptos cosmológicos de las otras civilizaciones vecinas con las que interaccionó. Por cierto, que esa cosmología es consecuencia también de la realidad geográfica en que vivimos: también, aquí en la Península Ibérica, sobre la misma latitud geográfica que Tierra Santa, en verano decimos: “Hace un sol de justicia”.