Elogio del buen pensar

Gracias a mi inveterada falta de moderación hoy voy a corregir la plana a muchas traducciones en un versículo que presumiblemente explica la parábola de hoy: Lc 16,8. El problema es semántico porque, tomando de base la versión griega, hay que traducir dos derivados de “frónesis”, palabra filosófica donde las haya, que la Vulgata vierte con acierto relativo mediante derivados de “prudentia”. A mi modo de ver, menos encarrilada va la Peshitta porque emplea variantes de la raíz חכמ que codifica el campo semántico de “sabiduría”. También por ej entre los 99 sacros epítetos de Dios, los árabes musulmanes citan  “Al Jakym”, o sea “El Sabio”, con la misma raíz semítica.

Sin embargo, no entiendo que vayan por ahí los tiros para bien traducir “frónesis” griega. No es “sagacidad” (solamente) o “inteligencia” o… ¡No voy a traducir “frónesis”! Para eso están los diccionarios filosóficos. Lo que imagino que puedo verter libremente del citado versículo sería:

“Hay más picardía para los negocios entre la gente de mundo que discernimiento entre  los hijos de la luz (los cristianos)“.   

Pero donde la versión siriaca sí que traduce más fielmente el verbo con el contenido de “frónesis” es en la ferviente invocación a sus lectores con la que comienza el libro de la Sabiduría. Me permito recordar que este deuterocanónico entre los católicos, cuyo original hebreo no se ha encontrado (por el momento), configura también el canon entre casi todos los cristianos orientales.

Así, pues, solo para sus ojos, saboreen, por favor, cómo traduce Peshitta el imperativo del verbo φρονεω  en Sabiduría 1,1b:

ܪܚܡܘ ܙܕܝܩܘܬܐ ܕܝܢ̈ܝܗܿ ܕܐܪܥܐ

Amad tiérnamente (como madres) la Justicia, ¡oh jueces de la tierra!

ܘܪܢܘ ܥܠ ܡܪܝܐ ܒ̈ܛܒܬܐ

Meditad sobre Dios por sus bondades.

ܘܒܠܒܐ ܦܫܝܛܐ ܒܥܐܘܗܝ

Con corazones sencillos, buscadle.

La última frase es un gesto de complicidad con el propio nombre propio de la versión siriaca: Peshitta (la Humilde).¡Cuánto tengo que aprender!

Criptobotánica

Este verano, aquellos profesores y profesoras, buenos y pacientes, que han tenido la caridad de ofrecernos con amenidad su saber en cursos de verano, clases de refuerzo o, incluso, acompañándonos en una peregrinación o salida al campo, nos han dado una vidilla que no olvidaremos fácilmente. De esa vitalidad que puede ofrecer un discurso brillante, instructivo y hasta física y mentalmente terapéutico puede que hable el verso de Proverbios 15:4.

Sin embargo, su traducción no es evidente, a pesar de la sencillez sintáctica y morfológica del texto masorético. Salvo en algunas viejas traducciones medievales (ver  el verso en http://corpus.bibliamedieval.es/ ; melezjnante lengua es el arbol dela vjda  & el entricamento enella es quebranto enel espiritdice el manuscrito 10.288 de la Biblioteca Nacional de Madrid) no he encontrado ninguna versión en lenguas modernas que se haga eco de la raíz hebrea rf’– la misma del sustantivo propio Rafael (que significa “Dios hizo sanar”)- la que aparece en la palabra que encabeza el verso y que nos introduce en el campo semántico de lo que sería en nuestros días la atención sanitaria. Copiando a los venerables maestros judíos del antiguo reino de Castilla, aquí va mi propuesta:

La medicina de una palabra es árbol vivificante;

su descuido (es decir, el mal hablar) es lesión para el ánimo.

Donde vemos que el segundo sintagma nominal del primer semiverso (“árbol de vida” o, incluso, “árbol de salvación”) está cargado de connotaciones y emociones: ¿Es la prodigiosa especie vegetal de Gn 2?¿Es la metáfora de película del mismo título que protagonizó Elizabeth Taylor?¿Qué, o quién, es ese árbol? Dejo la pregunta abierta porque un proverbio de Proverbios sin un poco de intriga no es un proverbio de Proverbios. Pero una pista la da la versión de algún targum, heredada por la Peshitta siriaca, que continúa la ensoñación por el tal árbol, trastocando totalmente el segundo semiverso. Por cierto, que esto no lo cuenta el aparato crítico de BHS: hay que irse al viejo Delitzsch.

Por consiguiente, solo para sus ojos, aquí ofrezco mi versión de Proverbios 15:4 a partir de los textos arameo y siriaco (a consultar cómodamente en http://cal.huc.edu/searching/targumsearch.html  ):

La medicina de una palabra es árbol vivificante. Quien come de sus frutos queda saciado.”