Mundos funambulistas

A petición del ilustre público de este blog me pongo a practicar un ejercicio de traducción del salmo 104 a partir de la versión hebrea masorética. La petición está bien fundada por dos razones. En primer lugar, sin entrar ni siquiera en comparaciones entre versiones antiguas, tomen por favor simplemente dos traducciones en lenguas modernas: Encontrarán versos que no se entienden bien, disparidades, etc.

Además, es  posible que una traducción con otra perspectiva aporte algo a la recepción de un himno que, en contra de lo que muchos hoy buscan en él, no es tanto un canto a las criaturas sino un cantar de gesta cósmica. Digamos que está más cerca de una explicación épica de los primeros versos del Génesis (lucha contra el caos primigenio, Chaoskampf como dirían los centroeuropeos) que de la lírica del pobrecito de Asís.

1

Bendice, ¡oh todo mi ser! al Señor.

 Señor: ¡Eres mi dios!

¡Grande eres!

Gastas como traje  Honor y Donosura.

2

Te cubres de luz como si fuera un ornamento;

Despejas el cielo como (apartando) un  velo.

3

(Eres) el que cimienta sobre las aguas la planta noble de su casa,

el artesano de las nubes.

¡Avanza su carroza sobre las alas del viento!

4

El hacedor de los ángeles -vientos que le sirven- es un fuego ardiente.

5

Asentó la tierra sobre sus cimientos:

¡No se moverá por los siglos de los siglos!

6

El abismo, revestido, has cubierto.

Sobre las montañas se quedarán quietas las aguas.

 

El último semiversículo parece que está evocando un contexto diluviano. Pero en realidad es lo contrario. Una traducción más libre pero más fiel al contexto daría: “Las aguas no se precipitarán contra los montes”. En efecto, según la cosmografía hebrea antigua tenemos una parte atmosférica de hidrosfera que en realidad es una piscina en el ático.  Este semiverso lo que quiere indicar es que el Señor va a ser un fontanero experto y fiel, que va a mantener estanca la bóveda celeste encargada de soportar las aguas superiores. Se cumple así la promesa post-diluviana de que no volverá a haber otra inundación-hundimiento generalizado.

La descripción contemporánea de nuestro mundo es menos poética pero no por ello menos sugerente, si bien escrita -como decía Galileo- en un lenguaje matemático. Tiene en común con la visión antigua una dimensión dinámica, de equilibro metaestable,  que requiere un mantenimiento y cuidado amorosos. Si no tenemos en cuenta esa dimensión tutelar, podremos vernos con problemas catastróficos de escala cósmica.

(Continuará, si Dios quiere)

Un comentario en “Mundos funambulistas

  1. El semi versículo 6a tiene muchas dificultades. El célebre Delitzch se las fumó diciendo que el pronombre masculino en tercera persona singular hay que aplicarlo a “la tierra”.
    Humildemente no le hago caso y ,como mucho, propongo la siguiente alternativa:
    ” El abismo es como un traje al que diste la vuelta”. En la misma línea podría traducirse la versión Peshitta. LXX y Vulgata dan un matiz reflexivo: “El abismo es como un traje que se replegó a sí mismo”.

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