Una teofanía no excluye las buenas maneras

La declaración divina del final del Evangelio de hoy es intensa. Según la versión curetoniana que nos ofrece “Peshitta tool”:

ܐܢܬ ܗܘ ܒܪܝ ܘܚܒܝܒܝ ܕܒܟ ܐܨܛܒܝܬ

Eres mi hijo y mi amado porque por ti mi voluntad se hace. (Traducción mía)
Es una manifestación tan intensa que nos olvidamos o no prestamos tanta atención a lo que viene antes y se resuelve en Mt 3,15. Ahí tenemos un bello ejemplo de porfía en mantener las buenas maneras entre dos grandes pesos pesados: ¿Quién bautiza a quién? Todo un ejemplo para sus respectivos discípulos entre los cuales tan buena armonía posiblemente no siempre existió. Se trata, por consiguiente, más que de una “justicia”, de aquello otro que indica muy bien el término semítico kanah קנה, es decir, regla o norma de medir (literalmente “caña”) de cual procede igual esta palabra ܟܐܢܘܬܐ que se utiliza en las versiones siriacas. Kanah קנה en lenguas de Oriente Próximo ha dado como derivado etimológico la palabra “canon” en la cultura grecolatina y mantiene ese significado de norma o regla (también en nuestra cultura, como heredera de la latina). Por consiguiente más que frente a una justicia con mayúsculas (que necesitaría de la raíz semítica Sdq) estamos ante una norma o convención jurídica o social.
Aquí va mi propuesta de traducción del pasaje relevante (también según el texto curetoniano):

ܠܐ ܠܢ ܕܢܡܠܐ ܟܠܗܿ ܟܐܢܘܬܐ

“…no sea por nosotros: que se cumpla todo el protocolo…”

O lo que es casi lo mismo, parafraseando a Juan XXIII: la caridad bien entendida empieza con el respeto y las buenas  maneras.

Elogio del buen pensar

Gracias a mi inveterada falta de moderación hoy voy a corregir la plana a muchas traducciones en un versículo que presumiblemente explica la parábola de hoy: Lc 16,8. El problema es semántico porque, tomando de base la versión griega, hay que traducir dos derivados de “frónesis”, palabra filosófica donde las haya, que la Vulgata vierte con acierto relativo mediante derivados de “prudentia”. A mi modo de ver, menos encarrilada va la Peshitta porque emplea variantes de la raíz חכמ que codifica el campo semántico de “sabiduría”. También por ej entre los 99 sacros epítetos de Dios, los árabes musulmanes citan  “Al Jakym”, o sea “El Sabio”, con la misma raíz semítica.

Sin embargo, no entiendo que vayan por ahí los tiros para bien traducir “frónesis” griega. No es “sagacidad” (solamente) o “inteligencia” o… ¡No voy a traducir “frónesis”! Para eso están los diccionarios filosóficos. Lo que imagino que puedo verter libremente del citado versículo sería:

“Hay más picardía para los negocios entre la gente de mundo que discernimiento entre  los hijos de la luz (los cristianos)“.   

Pero donde la versión siriaca sí que traduce con más corazó el verbo griego relacionado con “frónesis” es en la ferviente invocación a sus lectores con la que comienza el libro de la Sabiduría. Me permito recordar que este deuterocanónico entre los católicos, cuyo original hebreo no se ha encontrado (por el momento), configura también el canon entre casi todos los cristianos orientales.

Así, pues, solo para sus ojos, saboreen, por favor, cómo traduce Peshitta el imperativo del verbo φρονεω  en Sabiduría 1,1b:

ܪܚܡܘ ܙܕܝܩܘܬܐ ܕܝܢ̈ܝܗܿ ܕܐܪܥܐ

Amad tiérnamente (como madres) la Justicia, ¡oh jueces de la tierra!

ܘܪܢܘ ܥܠ ܡܪܝܐ ܒ̈ܛܒܬܐ

Meditad sobre Dios por sus bondades.

ܘܒܠܒܐ ܦܫܝܛܐ ܒܥܐܘܗܝ

Con corazones sencillos, buscadle.

La última frase es un gesto de complicidad con el propio nombre propio de la versión siriaca: Peshitta (la Humilde).¡Cuánto tengo que aprender!

Criptobotánica

Este verano, aquellos profesores y profesoras, buenos y pacientes, que han tenido la caridad de ofrecernos con amenidad su saber en cursos de verano, clases de refuerzo o, incluso, acompañándonos en una peregrinación o salida al campo, nos han dado una vidilla que no olvidaremos fácilmente. De esa vitalidad que puede ofrecer un discurso brillante, instructivo y hasta física y mentalmente terapéutico puede que hable el verso de Proverbios 15:4.

Sin embargo, su traducción no es evidente, a pesar de la sencillez sintáctica y morfológica del texto masorético. Salvo en algunas viejas traducciones medievales (ver  el verso en http://corpus.bibliamedieval.es/ ; melezjnante lengua es el arbol dela vjda  & el entricamento enella es quebranto enel espiritdice el manuscrito 10.288 de la Biblioteca Nacional de Madrid) no he encontrado ninguna versión en lenguas modernas que se haga eco de la raíz hebrea rf’– la misma del sustantivo propio Rafael (que significa “Dios hizo sanar”)- la que aparece en la palabra que encabeza el verso y que nos introduce en el campo semántico de lo que sería en nuestros días la atención sanitaria. Copiando a los venerables maestros judíos del antiguo reino de Castilla, aquí va mi propuesta:

La medicina de una palabra es árbol vivificante;

su descuido (es decir, el mal hablar) es lesión para el ánimo.

Donde vemos que el segundo sintagma nominal del primer semiverso (“árbol de vida” o, incluso, “árbol de salvación”) está cargado de connotaciones y emociones: ¿Es la prodigiosa especie vegetal de Gn 2?¿Es la metáfora de película del mismo título que protagonizó Elizabeth Taylor?¿Qué, o quién, es ese árbol? Dejo la pregunta abierta porque un proverbio de Proverbios sin un poco de intriga no es un proverbio de Proverbios. Pero una pista la da la versión de algún targum, heredada por la Peshitta siriaca, que continúa la ensoñación por el tal árbol, trastocando totalmente el segundo semiverso. Por cierto, que esto no lo cuenta el aparato crítico de BHS: hay que irse al viejo Delitzsch.

Por consiguiente, solo para sus ojos, aquí ofrezco mi versión de Proverbios 15:4 a partir de los textos arameo y siriaco (a consultar cómodamente en http://cal.huc.edu/searching/targumsearch.html  ):

La medicina de una palabra es árbol vivificante. Quien come de sus frutos queda saciado.”

 

Ventajas de la traducción literal

La epístola de hoy empieza con una frase densa que puede pasar desapercibida porque ya se ha sobado mucho. Cuando algo se repite con frecuencia en las liturgias, catecismos y otros  textos de iglesia nos suena a un runrún conocido y sin sorpresas. Igual hay que traducir mal, con exceso de literalidad y , si me apuran, de una manera un poco salvaje para que nos resuene la experiencia de muerte, vida y compromiso que hay detrás de palabras que, a pesar de su fuerza interior, han quedado posiblemente ya manidas.

Por eso, “in memoriam” de aquellos que nos faltan, traduzco a lo bestia desde esa antigua lengua sagrada semítica, el siriaco, este verso de Colosenses 2,12:

Enterrados fuisteis con Cristo por el  bautismo.

Por Él os alzasteis junto con Él.

Porque os comprometisteis con la potencia del Dios

que Le puso en pie,

sacándole de la mansión de los muertos.

 

Mundos funambulistas

A petición del ilustre público de este blog me pongo a practicar un ejercicio de traducción del salmo 104 a partir de la versión hebrea masorética. La petición está bien fundada por dos razones. En primer lugar, sin entrar ni siquiera en comparaciones entre versiones antiguas, tomen por favor simplemente dos traducciones en lenguas modernas: Encontrarán versos que no se entienden bien, disparidades, etc.

Además, es  posible que una traducción con otra perspectiva aporte algo a la recepción de un himno que, en contra de lo que muchos hoy buscan en él, no es tanto un canto a las criaturas sino un cantar de gesta cósmica. Digamos que está más cerca de una explicación épica de los primeros versos del Génesis (lucha contra el caos primigenio, Chaoskampf como dirían los centroeuropeos) que de la lírica del pobrecito de Asís.

1

Bendice, ¡oh todo mi ser! al Señor.

 Señor: ¡Eres mi dios!

¡Grande eres!

Gastas como traje  Honor y Donosura.

2

Te cubres de luz como si fuera un ornamento;

Despejas el cielo como (apartando) un  velo.

3

(Eres) el que cimienta sobre las aguas la planta noble de su casa,

el artesano de las nubes.

¡Avanza su carroza sobre las alas del viento!

4

El hacedor de los ángeles -vientos que le sirven- es un fuego ardiente.

5

Asentó la tierra sobre sus cimientos:

¡No se moverá por los siglos de los siglos!

6

El abismo, revestido, has cubierto.

Sobre las montañas se quedarán quietas las aguas.

 

El último semiversículo parece que está evocando un contexto diluviano. Pero en realidad es lo contrario. Una traducción más libre pero más fiel al contexto daría: “Las aguas no se precipitarán contra los montes”. En efecto, según la cosmografía hebrea antigua tenemos una parte atmosférica de hidrosfera que en realidad es una piscina en el ático.  Este semiverso lo que quiere indicar es que el Señor va a ser un fontanero experto y fiel, que va a mantener estanca la bóveda celeste encargada de soportar las aguas superiores. Se cumple así la promesa post-diluviana de que no volverá a haber otra inundación-hundimiento generalizado.

La descripción contemporánea de nuestro mundo es menos poética pero no por ello menos sugerente, si bien escrita -como decía Galileo- en un lenguaje matemático. Tiene en común con la visión antigua una dimensión dinámica, de equilibro metaestable,  que requiere un mantenimiento y cuidado amorosos. Si no tenemos en cuenta esa dimensión tutelar, podremos vernos con problemas catastróficos de escala cósmica.

(Continuará, si Dios quiere)

Día de paga

El empleo y los sueldos siempre han sido preocupaciones. Pero el día de paga es mejor, sobre todo si la paga es buena. Cuando llega el momento de la justicia divina … ¡Vaya que si la paga es buena para los que obran como Dios manda! Tres verbos casi sinónimos emplea el Palimpsesto Sinaítico  (consultado en http://www.dukhrana.com/peshitta/index.php   ) para Lc 6:23:

 ܚܕܘ ܒܗܝ ܫܥܬܐ ܪܘܙܘ ܘܕܘܨܘ

donde se expresa con donaire (según los recursos literarios semíticos) un gozo superlativo con un juego de palabras que sería (vocal más o menos):

“jadú … ruzú ua duSú”.

La  traducción solo puede ser libre:

“¡En aquella hora alegraos a tope!

 

 

 

 

 

In memoriam de josés/josefas

El último verso de la 1ª lectura de hoy, 3er domingo de Adviento ciclo C, se lee incompleto en la liturgia. Posiblemente porque no se entiende bien la versión masorética. Hay dos tradiciones de traducción: por un lado la que recoge a los que no llegan (LXX griega y Vulgata) y la otra, la que echa a los que no cumplen (Targum de Jonatán y Peshitta). Todo depende de cómo interpretar la raíz אספ, que posiblemente está en el origen del nombre propio José que nos recuerda tantos santos y santas (algunos y algunas hasta conocidos personal e incluso íntimamente), los cuales han hecho honor con sus vidas ejemplares al patriarca que prosperó en Egipto y a ese otro que educó en Nazaret a Jesús. A ellas y ellos va dedicada esta traduccioncilla:

Los infortunados que no llegaron a la fiesta (te los) recolecto.

Eran tuyos (de Jerusalén, se sobreentiende).

Una pena para ella (Jerusalén personificada) era su ausencia.

Para este complicado Sofonías 3:18, he optado por seguir la tradición de la mayoría de los viejos sabios castellanos (http://corpus.bibliamedieval.es/). Si la versión original es de hace 2 milenios y medio, unas traducciones de hace 600 años no son una referencia segura pero algo más cerca del origen … ¡Igual sí están!