El origen del silencio.

El silencio, ese bien tan deseado en nuestros pueblos, ahora que despelotes báquicos e insensatos, supuestamente en honor de la Virgen, son tan ubicuos. Sin embargo, el añorado silencio es algo real: hay varias formas de llegar a él. Algunas más bruscas que otras. La traducciones al uso de 1Re 19, 11b y ss (la primera lectura del pasado domingo) nos dan una versión muy tranquila. Pero otras, que desgraciadamente recuerdan los testimonios de los supervivientes de Hiroshima, son posibles. La diferencia estriba:

1. en dónde poner las puntuaciones,

2. cómo interpretar la partícula semítica “b”, ב -ya que puede también tener un matiz instrumental- y

3. en recordar que lo que la gramática hebrea denomina “estado de anexión” (en árabe, “idafa”) existe.

La traducción que propongo, además, es coherente con otra estructura que aparece más adelante en el mismo capítulo con el esquema:

El que se libra de la espada de X, lo mata Y; el que se escapa de la espada de Y, lo mata Z.” siendo X, Y y Z personajes bíblicos, supuestamente “buenos”.

Gracias a Dios, esa parte NO se lee en misa.

SOLO para sus ojos, a partir del texto hebreo, una versión alternativa de 1Re 19, 11b y 12:

11b. ¡Pasó el Señor!

(Era) ¡un huracán!

Creció en fuerza arrancando los montes y triturándo(los).

Ante el Señor, ¡NO (hay nada)!

Por (causa de) SU viento.

Tras el viento, un terremoto ¡NO (hay nada)!

Por (causa de) SU terremoto.

12. Tras el terremoto, un incendio … ¡NO (hay nada)!

Por (causa de) SU incendio.

¿Y después del incendio?

¡La imperceptible voz del silencio!

 

 

 

 

 

Glosario parabólico

Como estudiante de siriaco al leer en la Peshitta el evangelio de hoy (Mt 13, 44 y ss), he sufrido mucho con el diccionario. Muchísimas palabras nuevas. Es normal: se ve que las mismísimas palabras de Cristo no están plagadas de sustantivos abstractos; frente a un “reino” o unos “ángeles” o algún “justo”, hay “redes”, “canastos”, “compra-venta” … Son “Lichtwörter”, palabras luminosas importantes en el relato. Y sin embargo, no son términos para inscribirlos sobre piedra aunque tampoco sin ellos habría vida … Por cierto ¿en cuántos diccionarios de teología bíblica aparece “canasto”? Análogamente, en las citas literarias del diccionario “on line” http://cal1.cn.huc.edu/  tampoco hay mucho repertorio: lo que más hay son las remisiones directas que hacía el sabio Afraates en sus comentarios sobre estos pasajes del evangelio.

Casi todos los santos griales que andan rodando por el mundo son falsos. Es normal: están hechos de materiales caros.

 

 

Salmo sapiencial

Hoy traduzco de la versión siriaca, de la Peshitta, la primera lectura. Es diferente de la versión griega, la que normalmente se emplea entre los europeos. Pero el mensaje es el mismo, me parece. Incluyo dos o tres versos que se cortan en la lectura litúrgica. Es por eso que abulta también un poquito más. ¡Que la disfruten! Solo para sus ojos, Sabiduría 12,13-19:

Otro Dios NO lo hay para tu hijo.
Eres solícito (a la vez que) estás por encima de todos.
Muestras en todo que no juzgas con injusticia.

Ni rey ni regente
puede permanecer ante ti,
por eso se te ama.

Con total rectitud todo gobiernas.
Siempre fue adecuada la pena en la sentencia.
¡Cómo es tu poder ante los gentiles!

Así es porque tu fuerza preside la justicia.
Eres recto. Estás sobre todo.
Por encima de todo eres clemente.

Poderes muestras que no vacilarán.
El único que vale es el Perfecto.
A aquellos que conoces con energía les enseñas: de su parte estás.

Eres el Señor, recto y por encima de(toda)fuerza.
Con inteligencia juzgas. Con suma indulgencia nos gobiernas.
Cuando te parece, poderosa es (tu) fuerza.

Por medio de ciertos servidores instruyes a tu pueblo y a tus hijos,
lo que es adecuado para el justo, para el misericordioso y para el ser humano.
Ofreciste a tus hijos una esperanza buena mientras que a los necios sancionarás.

Somos las semillas de Abraham

¿Qué es más importante de las parábolas?¿El relato en sí o su interpretación? Teóricamente el que no las entiende es que se queda en la puerta y en segunda fila, pero como somos humildes y no queremos entenderlo todo,  también nos podemos quedar contemplando el relato. Además es que, según algunos críticos, las interpretaciones van por un lado, son tema de las iglesias primitivas, de las inquietudes de los redactores de los textos del Nuevo Testamento, cuando posiblemente en realidad el contexto en el que históricamente se produjo el relato salido de las mismas palabras de Jesús era otro. Es decir, que por un lado fue el texto o la tradición oral de la mismísima palabra salida de la mismísima boca de Cristo y por otro lado evolucionó la interpretación del mismo. Al final hubo que casar las dos cosas pero el éxito no sabemos si está asegurado. Al menos desde el punto de vista crítico histórico, así puede ser. También desde un punto de vista literario, porque un relato no es sólo su contenido, es también, y sobre todo, su forma de expresarse, su poder de evocación…
Así que contemplando el texto de hoy, hoy me he fijado en dos cosas. Otro día me fijaré en otras, pero hoy en estás.
Una de ellas es la personalidad del sembrador. ¿Quién puede ser ese sembrador? La liturgia dice que es Cristo. Pero hay más formas de ver el texto. Tomando como es mi costumbre el cimiento de la versión en lengua semítica, en siriaco concretamente, encuentro la expresión literal “El Sembrador que siembra”. Puede ser una tautología pero en literatura semíticas antiguas es una forma incluso elegante de explicarse; además la expresión emplea una misma raíz de tres letras: ܙܪܥ . Puede querer decir en el Antiguo Testamento (en hebreo se escribe con las mismas letras, זרע , en su alfabeto) esa raíz no solo semilla sino también hijo  o descendencia. Y ¿quién es el que puede tener más descendencia según el Antiguo Testamento? Solo puede ser uno el que se caracteriza por su numerosísima descendencia, citado desde los orígenes hasta los profetas: ¡Ese es Abraham! Abraham es por consiguiente ese que tiene semillas por todas partes: a unas les va mejor a otras bastante peor. Pero tiene semillas, tiene hijos e hijas por todas partes.
Segundo detalle: los rendimientos se expresan por números pero sin citar las unidades con lo cual no nos están dando un cálculo, digamos científico, sino que nos están ofreciendo otra evocación, la idea de plenitud, ya sea expresada en el sistema centesimal, ya en el sexagesimal, los dos posiblemente utilizados, como nuestros días, en la Galilea del siglo I de nuestra era. El 30 es la mitad de la escala sexagesimal, lo que demuestra que si queremos quedarnos a mitad de camino tampoco pasa nada. Por cierto, que el sistema sexagesimal, lo utiliza incluso hoy en día la NASA para medir ángulos (cuando ellos usan también pulgadas y otras unidades de sistemas anglosajones, para nosotros rarísimas). Parece como si culturalmente, al final, en goniometría ha vencido Mesopotamia puesto que de allá parece que-según los arqueólogos- procede el sistema de contabilidad sexagesimal.

El capítulo 9 de Zacarías, un cóctel de géneros bíblicos.

La primera lectura de este domingo 14 de tiempo ordinario nos lleva a la Semana Santa. Y la verdad es que el capítulo 9 de Zacarías es un compendio de mil y una cosas. Hasta el capítulo 8 incluido tenemos lo que llaman los expertos bíblicos un “oráculo contra las naciones” en el que se pone verde a los tradicionales rivales y enemigos de los reinos hebreos.
Los dos versitos que leemos en misa son también de por sí bastante cambiantes porque al lado de un rey poderoso tenemos una humildad extrema. Es el mundo de paradoja al que nos acostumbra Jesucristo (rey poderoso y menesteroso a la vez) pero que en el Antiguo Testamento suena todavía más extraña.
A partir de ahí (versos 11 y ss)  tenemos dos versículos muy bonitos hablando de liberación de los esclavos “de la esperanza“,  seguidos luego de unos Apocalipsis temibles y al final … el cielo se aclara: para los devotos de Dionisos  el último verso de este capítulo 9 puede parecer una mención a las bacantes pero al lector cristiano se le llena la mente de sugerencias eucarísticas. Lo cierto es que pan y vino desde hace unos milenios suelen ser la comida y la bebida básicas.
No se lee en misa este domingo pero, solo para los ojos de los lectores de este blog, mi versión del versículo último del capítulo 9 de Zacarías a partir del texto hebreo:

¡Qué bien!¡Qué bonito! Los mejores cereales y un vino nuevo hace(n) florecer a las vírgenes.”

Entiéndase “virgen” no en el sentido tocológico sino en el de persona femenina de edad joven (la cual, para un caballero español, debe abarcar un intervalo CERRADO de límite inferior igual a 18 y de límite superior igual a un número entero positivo n > δ, siendo δ   suficientemente grande). He tomado los signos de exclamación de los viejos profesores Nácar-Colunga. ¿Por qué no? Los manuscritos antiguos no tenían ni signos de interrogación (así la versión del profesor Alonso Schökel), ni signos de exclamación. El traductor puede sentirse libre.

Dios es el que se oculta.

Leemos solo una parte de la historia de Eliseo con la señora de Sunem, la llamada sunemita (a no confundir con la sulamita). La primera lectura de hoy en cualquier caso va a pasar muy desapercibida porque el evangelio de este domingo 13º de tiempo ordinario viene incendiario. Yo voy a reivindicar precisamente esa primera lectura que, sin embargo, es una pequeñísima parte de una bonita historia: hasta el verso 37 llega de 2Re, 4 y en la lectura litúrgica acabamos casi al principio, en tan solo el verso 16: si fuese por falta de tiempo … ¡Podríamos acortar las homilías!
Narrado con gran elegancia, este relato dentro de esa batería de milagros de Eliseo que es el capítulo 4 de 2Re, parece prosa poética dentro de una de las historias de las mil y una noches. Cada palabra está calculada al milímetro en la versión hebrea masorética. Por ejemplo, cuando se dice que la señora invita al profeta a comer, se concreta que le invita a “comer pan” (literalmente), lo cual puede ser sencillamente una insistencia típica de la forma de expresarse en lenguas semíticas que se podría traducir de otra forma más torpe, pero fiel al original: “comer comida“. No obstante, un lector cristiano rápidamente capta reminiscencias eucarísticas. Porque a fin de cuentas, la Misa es eso, un almuerzo con Dios y sus gentes.
El relato es mucho más amplio como ya he anunciado, y habría muchos más detalles curiosos que comentar y así lo haré si en sus correos electrónicos me lo solicitan Vds. expresamente. De momento, el párrafo que más me ha llamado la atención es aquel en el que un profeta sabelotodo y superpotente no solo hace una gran confesión de humildad sino que también nos demuestra las grandezas de la teología negativa:
YHWH (o sea Dios) es el que se me oculta y no comprendo.
Hay más formas válidas de traducir el final de 2Re 4,27 pero esa es también correcta (si no lo es, que se molesten en corregirme esos profes que me leen, que es una obra de misericordia) y, además, muy sugerente, porque los participios activos dan mucho juego en lenguas semíticas.
Uno de los profetas estrella, Eliseo, es, en efecto, muy brillante: Jugando la carta de la teología negativa, nadie se pilla los dedos. Esa teología intenta explicar qué NO es Dios. El problema es que pronto acaba de contar cosas sobre Dios -¿o eso es, más bien, una ventaja?-. Y es que es mucho más difícil saber decir, con precisión “científica”, qué es Dios que qué NO es. Sin embargo, en Literatura, ya se sabe: no cuenta solo lo que hay que decir sino cómo se dice. Y ese fragmento de verso lo cuenta con gran emoción, con gran belleza.
Y, además, la frase se engarza en el entorno del pasaje del máximo de intensidad dramática de la narración: Por favor, léanse en sus biblias la historia COMPLETA de “Eliseo y la sunemita“.

 

Poesía vs.teología

Al leer u oír la epístola de este domingo, 12 del tiempo ordinario ciclo A, me quedo pensativo porque a veces este mismo texto se ha utilizado en algunos documentos de contenido teológico. Y aquí me parece que puede haber un problema de mezclar como se dice vulgarmente peras con manzanas o, peor aún, peras con plátanos porque desde luego que no se puede encasillar toda la fuerza mística de un profeta dentro de un silogismo aristotélico. El caso es que incluso el texto puede presentarse con una forma poética o hímnica. Sin más preámbulos, desde la versión original de la Peshitta en siriaco, solo para sus ojos, mi versión de Romanos 5, 12 y ss:

Así como por uno entró el pecado en el mundo
y por medio del pecado la muerte,
así a todos se les contagió la muerte junto con él (con el pecado)
porque todos pecaron.

¡Hasta la misma ley llegaba el pecado!
En el mundo no destacaba el pecado
porque tenía (su) ley.

¿Acaso no reinó la muerte desde Adán hasta Moisés?
Incluso (reinó) sobre aquellos que no pecaron
según la forma de faltar a la ley de Adán.
Él (que era) de la condición del que es del futuro.

¿Acaso no es incomparable el don con la infracción?
Si por causa de la falta de uno, muchos murieron …
¡Cuantísimas bendiciones de Dios y dones
por causa de un solo Hombre, Jesús el Mesías, a muchos les abundan!

Una cosa que tengo clara entre las muchas dudas que presenta el texto -más próximo a un Isaías del Antiguo Testamento que a, digamos, un Martín Lutero o incluso a un Tomás de Aquino- es que la ley a la que se refiere San Pablo no es la Torah. Más bien creo que se está hablando de una ley premosaica, adámica, natural, que va con el ser humano. Recuerda a aquello que dice el saber popular: “el que hizo la ley hizo la trampa”. Y eso es lo que le pasa a todo lo que produce la mente los juristas desde los tiempos de Hammurabi hasta mañana, cuando veamos publicadas nuevas normas en los boletines oficiales de los diferentes países de nuestro planeta.
Si hay alguna moraleja en este texto, que es más bien poético y pasional, yo diría que es algo así como que, por encima de la lógica y de las normas, está la sinrazón de la generosidad de Dios.